Caso cerrado: gato encerrado

De vez en cuando es útil darse una vuelta por los canales de televisión y ver qué pasa en determinados programas —algunos de ellos, muy exitosos— y cómo afectan o colisionan con nuestros principios cristianos. Ya analizamos La rosa de Guadalupe, y ahora vamos por Caso cerrado, que conduce la doctora Ana María Polo.

Creo que no es necesario dar cuenta de lo que trata este espacio, pues es muy conocido. Lleva dieciocho años en las pantallas televisivas de decenas de países y arrastra a un público cautivo sediento de justicia (al menos, es lo que se espera de un programa que en cada episodio presenta casos por resolver).

El título de este breve artículo no alude a lo que algunos podrían pensar: es sabido que no todos los casos presentados cuentan con personajes reales; en muchos de ellos, son actores los que encarnan a las partes en disputa. La doctora Polo, sin embargo, defiende que la veracidad de cada caso es preservada, a pesar de no contar con los litigantes verdaderos en el estudio.

De modo que lo de gato encerrado no va por ahí, sino que alude a la doble moral de Polo. La cubana dice que cree en Dios. De hecho, concluye cada episodio con la siguiente frase: «Sea cortés, ande con cuidado, edúquese lo más que pueda, respete para que lo respeten y que Dios nos ampare». Sí, y que Dios nos ampare.

No obstante, hemos sido testigos de cómo en varios programas la doctora Polo ha emitido opiniones absolutamente contrarias a la moral cristiana y, por qué no decirlo, a todo sistema ético espiritual que valore la vida humana y la familia tradicional. Es conocido su activismo, por ejemplo, en favor del matrimonio homosexual. Y eso lo hace notar apasionadamente en su espacio. Hace pocos años, en una entrevista con CNN en Español, dijo que no había nada erróneo ni pecaminoso en ser homosexual. Y fue más allá al lanzar un pronóstico demasiado atrevido: «La iglesia desaparecerá si no acepta el matrimonio homosexual». Polo está equivocada. La iglesia ha sobrevivido más de dos mil años a problemas mucho más graves y complejos que las pataletas de una minoría que quiere normalizar sus desviaciones.

Otro tema controvertido en el que la conductora y abogada cubana saca la garra a favor es el del aborto. Al igual que lo que sucede con la homosexualidad, Polo ha aprovechado la palestra que le ofrece su programa de televisión para proclamar que el aborto no es un crimen, sino un derecho de la mujer.

En uno de estos episodios, dijo: «Señores, dejen de decirles a las mujeres que se hacen abortos asesinas, no lo son. Asesinas son las mujeres que traen hijos al mundo para que los abusen, los violen, los abandonen, no les den de comer... esas son las asesinas». Es decir, según la moral de esta doctora, matar a un ser humano que está dentro del vientre materno no es un crimen.

Casi al final de ese mismo episodio —incluimos el video del mismo en esta nota—, Polo declara lo siguiente: «Miren, señores, todo el mundo tiene derecho a creer en lo que le dé la gana; para eso somos adultos, pensantes, y tenemos acceso a información, a educarnos, a aprender e investigar, pero es muy triste que nos traten de imponer creencias. No dejen que nadie les imponga creencias. Uno puede ser influido, uno puede aprender cosas y escoger unirse a ellas, pero que te las impongan es una falta a la humanidad y a nuestros derechos que nos otorgó Dios. No el hombre, Dios nos dio el libre albedrío». Luego se dirige a la mujer que quiere abortar y le dice: «No te sientas mal, hija. Yo te considero más responsable. Una mujer ha de tener un hijo cuando esté lista para criarlo, con dedicación, con todo el amor; si tú no lo estás, no te sientas mal, eres responsable y por ende, te concedo la demanda en su totalidad».

  • Programa Caso cerrado en el que se toca el tema del aborto

Habría que preguntarle a la conductora de Caso cerrado de qué manera le imponen una creencia. Que se sepa, quienes evangelizan no imponen, solo cumplen con la misión encomendada por Dios de predicar el evangelio. Quien quiera lo toma, y quien no, pues no. Y si se refiere a las leyes que prohíben el aborto, entonces que le dé luz verde a todo asesinato. Más bien, son los colectivos pro aborto y pro homosexuales quienes están en posición de querer imponer sus creencias mediante una educación basada en la ideología de género, llegando al colmo de iniciar a niños muy pequeños en su mundo de desviaciones haciéndolas pasar por normales y correctas.

Es patético el momento en el que la doctora Polo le dice a la mujer que quiere abortar: «No te sientas mal, hija». Patético y absolutamente irresponsable. El mensaje es el siguiente (y va a todas las jóvenes que quieren vivir la vida loca y sin asumir las consecuencias de sus noches desbocadas): «Diviértanse. Hagan lo que les dé la gana. Y si quedan embarazadas, no se sientan mal de matar al ser humano que llevan dentro. Por encima están sus derechos que los derechos de esa criatura que se está formando en sus vientres», ignorando, evidentemente, que el primer derecho de todo ser humano es el derecho a la vida.

La doctora Polo está en su derecho de creer —como dice— en lo que le dé la gana. Pero que sea congruente. No se puede amar a Dios y al diablo al mismo tiempo. Porque abogar por el aborto, quieran aceptarlo o no, es diabólico.

La próxima vez que escuche a la doctora Polo despedir su programa diciendo: «Y que Dios nos ampare», no se si voy a reírme o llorar. Es muy cómodo querer acoplar a Dios a los esquemas que ella (y muchas otras personas más) tienen. Pero Dios no es un objeto que uno pueda encajar dentro de los parámetros de nuestras preferencias. ¡Vaya osadía!

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